Cuando una misión necesita manos prestadas

Hay pequeñas misiones que la vida nos entrega y que, aunque sean totalmente personales, a veces necesitan que alguien sostenga un mínimo del camino para poder avanzar. No porque la misión deje de ser de quien la lleva, sino porque en ciertos tramos una mano extra puede abrir una rendija, mover un poco la tierra o destrancar un paso que se está quedando atrapado.

 Eso lo entendí cuando escribí mi libro.

Mi libro tuvo “tías” que lo ayudaron en todo lo que a mí se me dificultaba. Tías que lo protegieron del perfeccionismo, tías que lo llevaron a presentaciones y lo expusieron en tarimas, tías que hablaron de él, tíos que lo compartieron con otras personas e incluso lo pusieron a viajar por el mundo. Todo incluso cuando yo no veía esas posibilidades o cuando mi incomodidad y mis miedos intervenían en el proceso.

 Y ahora siento algo parecido con los mensajes que escribe Andrea.

No porque me corresponda dirigir nada, sino porque a veces dentro de la misión grande de alguien más existe un tramo pequeño que otra persona puede sostener con respeto, claridad y permiso. Y así como mi libro tuvo tías y tíos, estos mensajes también merecen una pequeña red de manos que acompañen su camino. Al final, it takes a village, y hoy comienza a nacer una mini “villa” que acompañará por el mundo estos mensajes que estoy segura pronto serán liberados.

 Y parte de permitir ese movimiento es reconocer cuándo un paso se nos hace difícil y quién, alrededor nuestro, tiene la facilidad natural para sostenerlo. A veces la misma misión —o la vida, o Dios— coloca personas y herramientas precisas en el momento exacto para ayudarnos a completar aquello que nuestras heridas, creencias o mente hacen más complejo.

 Por eso hoy comparto un fragmento. Apenas un extracto pequeño, suficiente para abrir camino sin interferir en lo que no me corresponde.

Y junto a este fragmento, quiero compartir también una compilación de textos que Andrea ha publicado anteriormente y que guardan la misma esencia. Para recordarnos (a ella y a todos nosotros) que, aunque a veces sentimos que nos cuesta compartir, publicar o simplemente exteriorizar, ya lo hemos hecho antes. Aunque pensemos que son cosas que no tienen el mismo peso o valor, tienen el mismo propósito: llegar a quien lo necesite. Ella tiene un don particular para escribir: sus palabras no se leen, se sienten. Llegan al alma con una claridad que a veces la mente todavía no puede descifrar, pero igual reconocemos que tocan algo verdadero. Los comparto porque forman parte de esta misión que empieza a moverse, porque pueden acompañar a quien lo necesite y porque merecen encontrar camino más allá del espacio donde nacieron. En la siguiente imagen está el extracto de uno de esos textos de Fred y Andrea y si le das click, podrás descargar también esa compilación de palabras que alimentaron mi alma cuando las compartió.

 Que este mensaje de Fred siga siendo liberado con suavidad, con el ritmo exacto que necesite, y acompañado únicamente por las manos que pueden sostener este pedacito del camino.

Meditación para una voz que también merece ser escuchada

Esta meditación la escribo para Andrea, pero la comparto porque sé que todos tenemos palabras que aún no hemos entregado, y que merecen llegar a otros seres. Léela, y si resuena, adáptala a tu momento y a tu vida.

Meditación

Cierra los ojos.
Respira como quien acomoda el alma para decir una verdad que lleva tiempo esperando salir.

Piensa en todas las veces en las que has recibido mensajes.
En cómo llega.
En cómo lo reconoces.
En cómo lo escribes sin dudar.
Esa parte no necesita explicación: tú sabes cómo funciona.

Ahora lleva tu atención a otra verdad de ese mismo proceso,
una que es igual de importante:

Así como tú has escuchado a los ángeles
y has escrito todo lo que ellos te dicen,
ellos también están esperando escucharte a ti.

No es simbólico.
No es metafórico.
Es literal dentro de la misión que compartes con ellos.

Ellos ya conocen tu capacidad para recibir.
Lo que quieren ahora es algo distinto:
escuchar lo que nace de ti.

No se acercan solo para dictarte.
Se acercan también para oírte.
Para escuchar tu palabra,
la que nace de ti
y no solo la que transcribes.

Tu voz no es un eco.
Tu voz es parte del puente.
Tu palabra completa el mensaje.
Ellos hacen su parte
cuando tú haces la tuya.

Tu voz tiene lugar.
Tu voz tiene propósito.
Tu voz tiene destino.

Nada de lo que has escrito nació para quedarse guardado.
Nació para encontrar camino.
Y quienes te acompañan,
los mismos que te dictan,
también están esperando ese momento contigo.

No tienes que producir nada nuevo.
Ni esforzarte.
Ni buscar una forma especial.
Todo lo que has puesto en papel ya está vivo,
y lo único que necesita es permiso para moverse.

Y cuando esas palabras lleguen a alguien sin que lo esté buscando,
puede ocurrir algo profundamente sutil y mágico:
la mente quizá no lo comprenda del todo,
pero el alma lo reconoce y sonríe.


Esa manera de hablar, de escribir, de cantar, de silbar, de traducir palabras llega como una pequeña señal que acomoda, que alivia, que despierta algo luminoso sin necesidad de explicación. A veces de inmediato, a veces 6 meses después, pero cambia a cada ser que tocas.
Ese efecto natural: el alma alegrándose al escuchar algo que necesitaba,
también forma parte de tu misión.

Los ángeles te eligieron para dictarte porque sabían que sus mensajes encajaban perfectamente con los que nacen de ti y por tu capacidad para hablarle directamente al alma de las personas, superando la barrera de la mente.

Ahora, cuando abras los ojos, hazlo con la certeza de que no hablas sola.
Nunca ha sido un monólogo.
Tu voz también es puente.
Tu palabra también es llamada.
Y hay mensajes que solo avanzan
cuando tú das el primer paso.

Porque tu misión nunca fue solo escuchar.
Tu misión también es ser escuchada.

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Cada persona que se suma fortalece esta red y nos ayuda a que el mensaje llegue más lejos.

Gracias por ser parte de este espacio.

Y cuando algo resuena más allá de lo mental, hay caminos para seguir mirando.

La carta natal, la historia familiar y los movimientos sistémicos pueden abrir nuevas comprensiones.

Aquí puedes conocer las opciones y agendar si lo sientes.

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